¡Indios, lobos y vaqueros!
Este diciembre se está convirtiendo en un mes movidito. No solo porque se acercan las vacaciones de Navidad, sino porque durante una semana hemos estado haciendo sesiones de juegos programadas por nosotros mismos para la asignatura de Ocio.
Aquello que puede parecer tan simple como montar un juego y explicarlo fue la definición de caos. Los requisitos que nuestros profesores nos pedían, aparte de hacer algo divertido (ya que nos saltamos clase, al menos pasarlo bien, ¿no?), era que los juegos durasen en total una hora y tuvieran una ambientación.
Junto a mi gran equipo, decidimos hacer una temática ambientada en el lejano Oeste, donde vaqueros, indios y lobos se enfrentan por conquistar el territorio perfecto. Nos disfrazamos, preparamos los juegos e hicimos un pequeño teatrillo, todo pintaba genial... pero nuestra clase es un poco tramposilla. Lo que en teoría eran juegos simples pero entretenidos como carreras de chapas, tiro a la diana y pilla-pillas se convirtió en un auténtico duelo de salvajes. ¡Por un momento pensé que estaba con auténticos indígenas!
A pesar de la organización (que brilló un poco por su ausencia), los nervios tanto previos como durante la sesión y la presión de hacer las cosas bien para sacar buena nota, todo salió muy bien.
Estaba más preocupada por tener a los profesores contentos que me olvidé de lo más importante: pasarlo bien junto a mis compañeros y aprender de los errores, que aunque fueron muchos, ahora me han ayudado a ser más crítica y responsable antes de hacer las cosas.
¿Próxima parada?
Aquello que puede parecer tan simple como montar un juego y explicarlo fue la definición de caos. Los requisitos que nuestros profesores nos pedían, aparte de hacer algo divertido (ya que nos saltamos clase, al menos pasarlo bien, ¿no?), era que los juegos durasen en total una hora y tuvieran una ambientación.
Junto a mi gran equipo, decidimos hacer una temática ambientada en el lejano Oeste, donde vaqueros, indios y lobos se enfrentan por conquistar el territorio perfecto. Nos disfrazamos, preparamos los juegos e hicimos un pequeño teatrillo, todo pintaba genial... pero nuestra clase es un poco tramposilla. Lo que en teoría eran juegos simples pero entretenidos como carreras de chapas, tiro a la diana y pilla-pillas se convirtió en un auténtico duelo de salvajes. ¡Por un momento pensé que estaba con auténticos indígenas!
A pesar de la organización (que brilló un poco por su ausencia), los nervios tanto previos como durante la sesión y la presión de hacer las cosas bien para sacar buena nota, todo salió muy bien.
Estaba más preocupada por tener a los profesores contentos que me olvidé de lo más importante: pasarlo bien junto a mis compañeros y aprender de los errores, que aunque fueron muchos, ahora me han ayudado a ser más crítica y responsable antes de hacer las cosas.
¿Próxima parada?



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