Visitamos el Centro Cívico de Torreforta.
El pasado martes 16 de enero fuimos de visita al Centro Cívico de Torreforta, donde Marta Pons, animadora del centro, nos dio una pequeña visita guiada, enseñándonos los equipamientos que disponían y explicándonos un poco la función de cada uno.
El centro cívico, pequeño y acogedor, dispone de aulas individuales donde usuarios (siempre mayores de edad, o si no lo son, en compañía de un adulto, y siempre pretendiendo organizar actividades sin ánimo de lucro) pueden disfrutarlas en su tiempo libre o para realizar sus pequeños proyectos como ensayos, clases, etc. En ellas, además, se imparten clases o cursillos muy interesantes por un precio muy modesto.
La población del barrio y alrededores también dispone de un teatrillo con una capacidad de 300 espectadores. No es que sea el Liceo, pero está bastante bien. Más de uno lo recordaba por haber pisado el mismo escenario en alguna que otra función siendo más pequeños.
Todos estos espacios estaban muy bien, pero el que esperábamos con ansias era la ludoteca, Fue abrirse las puertas de este pequeño paraíso en la tierra y cautivarnos a todo. Colores, texturas, decorados, una iluminación preciosa y un ambiente muy, muy acogedor.
Para empezar, cabe remarcar que una ludoteca es un espacio en el que los niños y los padres y madres pueden aprender a divertirse juntos. En ella, la monitora no solo ofrece un lugar en el que disponer de juguetes y actividades creativas, sino una modesta orientación hacia el padre o la madre que no sabe qué tipo de juguete dar a su hijo o hija. Es un punto muy bueno para que el niño o niña deje florecer su imaginación, su creatividad, aprenda a convivir con otros niños, a compartir o recoger. Además, se fomenta, por ejemplo, el hábito de lectura, el juego simbólico, etc...
Y volvemos de nuevo a lo interesante.
Sentados en círculos y un poco más pendientes de lo que teníamos a nuestro al rededor que de las explicaciones de la animadora, compartimos nuestras inquietudes y algunas curiosidades. Marta nos explicó cómo llevaban el lugar, sus normas...
Para empezar, la ludoteca de Torreforta, en concreto, tiene un sistema de registro de usuarios para saber qué días acudían al centro o no, ya que hay una capacidad limitada en el espacio. A cada usuario, que previamente ha entregado sus datos, se le asignan los días que mejor le viene.
Otro tipo de registro es el de los juguetes. Marta nos enseñó el mágico libro de los juguetes, todos clasificados según el sistema ESAR (tatuado a fuego en el brazo), con su fotografía correspondiente y todo bien ordenadito.
Nos explicó el funcionamiento de las actividades, cómo cada semana preparaban una en concreto, siempre que podían tematizándolas en algo concreto que se estaba dando por las fechas señaladas. Habló también de cada rinconcito, el de las tareas, el de los juegos, el de la lectura y oficios, donde había cocinitas y distintos juguetes...

El patio contiguo también era un espacio más que poder aprovechar para los niños, con sus toboganes y su buen cálido solecito.
En general la visita estuvo bastante bien. Conocimos el duro trabajo que hay detrás de la sonrisa de un monitor o monitora, al que solo atribuyen pintar y jugar con niños. Nosotros, monitores o futuros monitores, ofrecemos mucho más que una tarde de risas y juegos. Somos el pequeño camino hacia la creatividad, la imaginación, la educación, el respeto, la convivencia. No creamos pequeños adultos en potencia como la escuela, que se centra solo en las matemáticas y la geografía (cosa que también me parece perfecto, aprender hay que aprender), sino personas, seres humanos llenos de luz y capacidades, habilidades, talentos.
Se empieza por una tarde en la ludoteca y se acaba comiéndose el mundo.
¿Próxima parada?



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