Atrapa l'auca!

Durante semanas hemos estado preparando un proyecto muy especial encomendado por el Pla d'Entorn. Al formar parte del currículum educativo, era imprescindible la implicación de toda la clase, por lo que fueron unas horas duras, largas, pero enriquecedoras.

¿Que de qué trata? Vamos a ello.

El tema de este año eran las aucas. Personalmente no sabía lo que era, por lo que tuvimos que hacer una breve investigación sobre el tema a tratar. Las aucas son típicas de Cataluña y explican una historia mediante "rodolins" y viñetas. Nuestras aucas tenían que ir sobre oficios en los barrios de poniente, por lo que a demás de elaborar los "rodolins", tuvimos que ir a dichos barrios y sacar nuestras cámaras fotográficas. 

Fue un lío. Todo un lío. Algunos de mis compañeros y compañeras necesitaron permisos legales para fotografiar a las personas, otros ni siquiera pudieron encontrar los oficios como carteros, bomberos o policías, así que tuvimos que recorrer a nuestro gran y fiel amigo Google. 

Después de los rodolins (que quedaron majísimos) y las fotografías, tocó meternos de lleno en el meollo. Al ser dedicada a los niños y niñas de ciclo medio, o sea, de entre 8 y 10 años, pensamos en hacer actividades y juegos que además de hacérselo pasar bien, aprendieran qué es un auca. 

No fue tarea fácil. Las lluvias de ideas en esta clase son más bien lluvia de meteoritos, pero al final, y a petición de los del Pla d'Entorn, hicimos un mix de todas las propuestas. El resultado fue un concurso, "Atrapa l'auca", en la que a partir de una serie de preguntas y minijuegos (tabú, pictionary y mímica), los niños y niñas concursantes rellenaban "l'auca gegant", que era una lona enorme en la que tenían que ir añadiendo las fotos y los rodolins que ganaban con las pruebas para finalmente completar el auca. 

Estas jornadas duraron tres semanas e íbamos cada miércoles al centro cívico de Torreforta o de Bonavista, dependiendo de la clase que viniera a participar. Y nos encontramos de todo, desde niños o niñas que disfrutaban hasta a bichillos inquietos por los que teníamos que respirar hondo y contar hasta tres. 

Era la primera vez que hacía algo así; implicarme tanto con e

l grupo, a nivel cooperativo y emocional. Éramos todos una piña. A veces el camino se hacía cuesta arriba, muy cuesta arriba, pero al final encontrábamos la manera de hacerlo bien y juntos, que al fin y al cabo es lo importante. Nos equivocábamos, pero sabíamos rectificar y hacerlo bien. Y también era el primer encontronazo con tanto mequetrefe junto. Quizá ya no se acuerdan de nuestros nombres o directamente se les ha olvidado qué es un auca. Tal vez durante esa hora y media que pasamos juntos no dejaron de preguntarse para qué necesitarían en sus vidas saber cómo se hace un rodolí o de cuantas sílabas está compuesto. Puede que no se lo pasaran bien. O puede que sí. Puede que realmente disfrutaran viéndose protagonistas de un concurso relacionado con los oficios de sus barrios, encontrando incluso a personajes que ya conocían, como el camarero de un bar, la carnicera o la modista... Ver sus caras al reconocer a estas personas, por muy pequeñez que fuera, marcaba. O verlos entusiasmados por querer girar una ruleta de cartón. Esas cosas valían la pena.

Y bueno, a lo mejor las aucas no me sirven para nada en un futuro, pero sí la experiencia de haber trabajado en un grupo tan distinto pero tan participativo. Me quedo con todo, con los momentos de estrés y frustración y con la alegría y el alivio de ver cómo todo ha salido bien. 

El curso se acaba, pero aún quedan muchas paradas.

¡Hasta pronto!

Comentarios

Entradas populares