"Les pedretes del record"
Hace unos meses dejamos olvidada en el baúl de los recuerdos una actividad que por motivos de horario y falta de tiempo no pudimos llevar a cabo hasta hace una semana. Se trata de un taller dirigido a gente mayor, concretamente a residentes de la Residència de Mercè. Junto a unas cuantas compañeras creamos una divertida actividad en la que pintaban piedrecitas con temperas, rotuladores o lo que quisieran, y las decoraban a su gusto para más tarde y con un alambre convertirlas en un soporte para fotografías la mar de chulo y original.
Al principio tuvimos que crear nosotras el taller, hacerlo para nosotras junto a un soporte visual, como un vídeo. Este vídeo enseñaba al resto de la clase cómo sería el taller, los pasos a seguir y el material necesario. ¡Parecía un auténtico tutorial de Youtube!
La verdad es que hubo muchas ideas y muchos talleres súper creativos, pero al tratar con gente mayor o con cierto grado de dependencia o dificultades, tuvimos que adaptar los materiales o los procesos según sus necesidades.
Y después de unos meses sin fecha para llevar a cabo nuestro taller... ¡Llegó el gran día! La semana pasada por fin pudimos cruzar sus puertas y poner en sus manos un arsenal de piedras y pinturas con los que mancharse los dedos.
Fue una experiencia maravillosa en la que conocimos a gente aún más maravillosa. Quizá a unos les costaba más y a unos menos, quizá otros ni siquiera querían participar y se conformaban con mirar a sus compañeros y compañeras, pero lo importante era tenerlos sentados a nuestro al rededor disfrutando de una hora diferente en la que poder hablar y salir de la rutina.
Lo mejor de todo no fue pasarlo en grande decorando piedrecitas, si no dándoles voz y protagonismo a esas personas que quizá llevaban mucho tiempo aburridas o sin sentirse escuchadas.
Lo que más me llamó la atención fue ver la gran diversidad con la que estábamos rodeados. Había mujeres de 80 años que nos seguían el rollo como si tuvieran 20, como nosotras. La juventud está en el corazón, y estas personas lo tenían muy grande.
Ojalá volver y seguir escuchando las mil historias que seguramente se quedaron a medias por contar.
¿Próxima parada?
Al principio tuvimos que crear nosotras el taller, hacerlo para nosotras junto a un soporte visual, como un vídeo. Este vídeo enseñaba al resto de la clase cómo sería el taller, los pasos a seguir y el material necesario. ¡Parecía un auténtico tutorial de Youtube!
La verdad es que hubo muchas ideas y muchos talleres súper creativos, pero al tratar con gente mayor o con cierto grado de dependencia o dificultades, tuvimos que adaptar los materiales o los procesos según sus necesidades.
Y después de unos meses sin fecha para llevar a cabo nuestro taller... ¡Llegó el gran día! La semana pasada por fin pudimos cruzar sus puertas y poner en sus manos un arsenal de piedras y pinturas con los que mancharse los dedos.
Fue una experiencia maravillosa en la que conocimos a gente aún más maravillosa. Quizá a unos les costaba más y a unos menos, quizá otros ni siquiera querían participar y se conformaban con mirar a sus compañeros y compañeras, pero lo importante era tenerlos sentados a nuestro al rededor disfrutando de una hora diferente en la que poder hablar y salir de la rutina.
Lo mejor de todo no fue pasarlo en grande decorando piedrecitas, si no dándoles voz y protagonismo a esas personas que quizá llevaban mucho tiempo aburridas o sin sentirse escuchadas.
Lo que más me llamó la atención fue ver la gran diversidad con la que estábamos rodeados. Había mujeres de 80 años que nos seguían el rollo como si tuvieran 20, como nosotras. La juventud está en el corazón, y estas personas lo tenían muy grande.
Ojalá volver y seguir escuchando las mil historias que seguramente se quedaron a medias por contar.
¿Próxima parada?



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